viernes, 2 de mayo de 2008

Estrella fugaz




Hace tiempo me contaron una historia, me pareció tan ajena a mí que no le tomé importancia, claro, en ese momento yo pensaba sólo en ganar dinero y en cómo gastarlo, así que nunca tenía ojos, para nada ni nadie, era un arrogante empedernido, sólo pensaba en mí.
Hasta risa me daba y me burlaba de cómo mis hijos la escuchaban tan crédulos que nada hacía que pudieran pensar en otro asunto más que en ese cuento tan fantástico.
Siempre hablaban de esa estrella fugaz y de que te concedía todos los deseos que pidieras, que algunas veces, entre más pidieras, más te daba y en otras, te concedía cosas con el simple hecho de verla, incrédulo de ello, nunca miré al cielo y si lo hacía, nunca intenté buscarla.
Hoy cumplió tres años mi nieto y en lugar de ir a un parque con él a festejar, hemos estado en la sala de urgencias; de regalo adelantado sus padres le compraron un par de patines, y en la mañana al estrenarlos, un coche lo envistió cuando intentaba dar su primer paseo en la calle sobre sus nuevos zapatos rodantes, los doctores han hablado de que su estado es grave y que muy pocas cosas lo salvarían, que pensáramos en la posibilidad de permitir la donación de órganos. Mi nuera se soltó a llorar y Pedro, mi hijo, se quedó estático como en llanto congelado.
Para mi es imposible que suceda esto, que los ojos de Pepe se hayan apagado por completo, no puedo permitirme pensar siquiera en ello, luego de pedir otros diagnósticos, lo único que puedo hacer es esperar la llegada de la noche y con ansias quiero voltear al cielo, quiero ver la estrella fugaz, quiero verla.

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